
Cuando me paré en la piedra del destino me dí cuenta que enfrento la vida de una manera distinta a la de antes. Eso está bien, debemos evolucionar, pero a qué precio, no lo sé, es difícil entender que no dominamos las situaciones y que más temprano que tarde lo inesperado ocurre y lo que tú creías tan seguro se espantó en un segundo, tal cual como si fuera un suspiro, y miras hacia trás y con nostalgia recuerdas lo feliz que eras, sin embargo nunca te diste cuenta ni aprovechaste esa felicidad. Hoy miro la vida de otra manera, sé que soy algo y que no tengo nada, y siempre creí que era nada que tenía algo. Definitivamente prefiero ser algo y tener nada porque hoy me siento feliz.
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